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Líneas estratégicas comunes de la
Inspección Sanitaria del Sistema Nacional de Salud
La actual organización territorial del
Estado ha posibilitado que las Comunidades Autónomas hayan asumido las
competencias en materia de sanidad y asistencia sanitaria de la Seguridad
Social, reservándose para la Administración Central del Estado la regulación de
las bases y la coordinación general de la sanidad. No obstante, esta
descentralización política y administrativa se ha simultaneado con la
integración de las diferentes estructuras y servicios públicos al servicio de
la salud en el Sistema Nacional de Salud.
Esta realidad ha impuesto que el dinamismo
de las relaciones Estado-Comunidades Autónomas se haya orientado, en buena
parte, hacia la cohesión del Estado Autonómico y a que el Sistema Nacional de
Salud mantenga una identidad común. De ahí que a partir de los comienzos del
proceso de transferencia en el año 1979 y, muy especialmente, desde finales del
2001, año en el que se culminaron los traspasos de la asistencia sanitaria de
todas las Comunidades Autónomas, ha sido constante la preocupación por la
coordinación sanitaria y la necesidad de buscar planteamientos globales e
integradores y articular políticas comunes para el conjunto del Sistema. Como
es lógico, la función de Inspección Sanitaria no ha sido una excepción a esa
búsqueda y se ha venido expresando reiteradamente el sentir, muy extendido en
los Servicios de Salud, de la necesidad de contar con un foro de encuentro en
materia de Inspección Sanitaria que pudiera permitir a las Comunidades
Autónomas comunicar sus propias experiencias y beneficiarse de las de los
demás.
Parece incuestionable la semejanza, cuando
no coincidencia, de objetivos y problemas de los Servicios de Salud en materia
de control de las prestaciones, recogidas, desde septiembre de 2006, en la
cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud; bien es verdad que
pueden existir, y de hecho existen, distintas formas de afrontarlos en función
de las diferentes circunstancias de cada Comunidad Autónoma, de lo que es fiel
exponente el que, frecuentemente, no exista coincidencia en el grado de
desarrollo o en la sincronía de implantación de medidas y actuaciones de
control de los distintos Servicios de Salud.
La justificación de la existencia de unas
líneas estratégicas comunes de actuación inspectora parece que se habría de
basar en la oportunidad que ofrece el que unos Servicios de Salud aprovechen el
conocimiento y la experiencia de los otros, en aras de conseguir una cohesión
del Sistema en esta materia, con absoluto respeto de las peculiaridades de cada
territorio.
Es claro que los resultados de la
implantación de estas líneas no se han de aplicar en la comparación de las
distintas situaciones autonómicas, sino que han de buscar la utilidad de que se
puedan compartir planteamientos e instrumentos y en lograr la sinergia de
actuaciones.
Estas líneas han de nacer de un compromiso
de los Servicios de Salud para desarrollar en el Sistema Nacional de Salud una
estrategia común en aspectos como: el análisis de los problemas que se plantean
en la inspección de las prestaciones, la identificación de las principales
desviaciones, el intercambio de información de los distintos programas, así
como para la preparación de instrumentos técnicos que puedan ser útiles a la
labor inspectora (protocolos de actuación, diseño de programas, aplicación de
nuevas tecnologías y formación continuada).
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